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“Alguien que haya hecho una buena carrera científica no estará en la calle jamás”

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Una imagen de la mesa redonda.(Pablo Artal, Presidente de la Academia de las Ciencias de la Región de Murcia)
 
Con el título “¿Merece la pena ser científico?” Se inicia “Diálogos con académicos” una serie de encuentros con académicos de la Ciencia que tendrán lugar periódicamente en la Universidad de Murcia.  El primero de ellos reunió el jueves 13 de enero a cinco profesores e investigadores de la Universidad de Murcia de diferentes especialidades, miembros todos ellos de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia debatieron desde su experiencia personal y profesional sobre el estado actual de la ciencia.
El acto se celebró en el Salón de Grados de la Facultad de Química, y estuvo organizado por el área de Ciencia y Tecnología del Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Prinum, Vicerrectorado de Investigación y la Academia de Ciencias de la Región de Murcia.
    La mesa redonda estuvo moderada por Pablo Artal, profesor de Óptica de la Universidad de Murcia y Presidente de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia, y en ella participaron los también profesores de dicha universidad José S. Carrión García (Biología Vegetal), José García de la Torre (Química Física), José Orihuela Calatayud (Matemáticas) y Miguel Ortuño Ortín (Física).

-P: ¿Con qué intención nace esta iniciativa?
-R: Entre los objetivos de la Academia de la Ciencia está el de divulgar la ciencia y fomentarla en el entorno. Pensamos que podría ser interesante sumar a las iniciativas que ya desarrollamos otras en las que fuera posible el debate, que los estudiantes pudieran interaccionar con nosotros, con los académicos, y debatir sobre temas diversos. Elegimos éste como punto de arranque sobre la propia carrera científica para poder debatir sobre lo que significa ser científico, sobre sus ventajas e inconvenientes.

-P: ¿Qué otros temas tienen previstos?
-R: Tenemos varios, por ejemplo, uno de los temas que ha salido hoy en el coloquio: la relación de la ciencia con la ética. La gente quiere ver a los científicos como algo puro, como seres que siempre están haciendo cosas a favor de la humanidad, pero también existe un lado oscuro que produce una colisión en la ciencia, que genera beneficios, pero que tiene también un gran riesgo. Es un tema que abordaremos en una próxima sesión de esta actividad.
    Otro tema que abordaremos será el de la mujer y la ciencia. En la Academia de la Ciencia existen en estos momentos sólo dos mujeres académicas, la proporción es muy pequeña, pero está claro que la incorporación de la mujer a la ciencia es un hecho cada vez más importante, y queremos debatir sobre ello.

-P: El subtítulo de la mesa redonda habla de pros y contras de una carrera en la ciencia. Cómo presidente de la Academia de la Ciencia ¿Cuáles son a su parecer esos pros y contras?
-R: Lo cierto es que yo veo pocos contras.
Es una carrera larga y difícil, que requiere mucho esfuerzo, y mucha gente no llega al final. Pero una vez que uno se dedica a la ciencia en plan profesional, la mayor parte de las cosas son favorables.
    En España, sin embargo, no está muy reconocida socialmente, aquí los sueldos son muy bajos, la compensación económica no está bien relacionada con los trabajos y esfuerzos de quienes nos dedicamos a ella, algo que no sucede en otros países. Un buen científico de una universidad norteamericana, por ejemplo, gana de cuatro a cinco veces más haciendo un trabajo similar.
    Un científico es como un trabajador autónomo: uno es su propio jefe, se administra su propio tiempo y busca su propia financiación. También hay que viajar mucho, lo que te permite estar en contacto con gente interesante que nunca hubieses conocido en ninguna otra profesión.

-P: ¿Qué le diría a un joven que piensa dedicarse a la ciencia?
-R: Le diría que si es una profesión que le atrae, que no lo dude, pero que mida sus fuerzas, porque esto es como una carrera de fondo.
También que procure hacer el trayecto acompañado de alguien que le enseñe. Aunque no lo parezca, la ciencia tiene algo de oficio artesanal, difícilmente se puede ser autodidacta.
Por último, que no se ponga límites, que esté con la mente abierta y en disposición de ir a cualquier lugar.
    Y que tenga en cuenta que, aunque éste es un camino muy difícil, no conozco a nadie en mi entorno que sea un buen científico y que no tenga muchas ofertas profesionales. Alguien que haya hecho una buena carrera científica y que tenga 30-32 años no estará en la calle jamás.
 

¿Merece la pena ser científico?

 
La ciencia como un oficio para aprender con los mejores

Pablo Artal comenzó su intervención en la mesa redonda con un aviso a navegantes, refiriéndose a la importancia para quienes desean dedicarse a la ciencia de que cada cual conozca sus propias  limitaciones: “Yo, por ejemplo –dijo- no valgo para escalar, sé que no podría subir nunca un ocho mil. Tampoco todo el mundo vale para ser científico. Si alguien  dijera a quienes no valen para serlo que es mejor que busquen otro camino, se evitarían muchas frustraciones”.
    “También hay que tener en cuenta –añadió- que la ciencia es un oficio, y es importante aprender con los mejores. Antes, si alguien quería fabricar violines, intentaba ir al taller donde se fabricaran los mejores. También en la ciencia se necesita aprender las técnicas del oficio”.
    Se refirió Artal al aspecto económico de la profesión científica: “Un científico no tiene por qué malvivir económicamente –aseguró-. Conozco muy buenos científicos que se han hecho millonarios trabajando”. Y añadió que “Es totalmente lícito ganar dinero con la ciencia. No veo divergente el dedicarse a la ciencia y ganar dinero, aunque me gustaría que fuera más convergente”.
    
    José García de la Torre por su parte, expresó su opinión de que “para ser científico hay que hacer algo más que trabajar: hay que pensar, hay que tener espíritu crítico, hay que tener creatividad y hay que ser rebelde desde el punto de vista intelectual”.

    José S. Carrión García aseguró que las apreciaciones de otras personas son siempre subjetivas, y a veces, por tanto, erróneas. “No creo –dijo- que se trate tanto de que alguien diga en un momento dado si vales o no vales para ser científico, como del propio deseo interior. Si tú deseas fuertemente ser científico, apuesta por ello”.

Clientelismo político versus rendimiento


    Por otro lado manifestó que “no sé si la carrera científica está bien o mal diseñada, pero está claro que la puesta en práctica es muy deficiente, y a las pruebas me remito: la estructura académica es un desastre, tenemos una pirámide invertida en la que hay más catedráticos que profesores contratados, asociados, profesores colaboradores, becarios…, es un sistema viciado por décadas de actuaciones irresponsables e incompetentes. La estructura social de la ciencia en España está elaborada en base a criterios de clientelismo político y personal mucho más que sobre criterios de eficiencia o rendimiento”.
    Carrión aseguró que este panorama es muy diferente en universidades como las norteamericanas o las inglesas, que nos pueden dar lecciones sobre el tema. Dijo que “la estructura académica de la universidad española es un monstruo, una lacra. Aun así, sale de ella gente muy valiosa, pero también hay mucha gente que se queda en el camino, porque no tiene fuerza psicológica suficiente para aguantar este envite del sistema que a veces se vuelve contra el alumno”.

Todos contra la burocracia

    Pablo Artal preguntó a los integrantes de la mesa  sobre algo que odiaran de su trabajo científico. “Lo peor de esta profesión –dijo José Orihuela- es cuando me llega un correo electrónico recordándome alguna labor burocrática que debo hacer”. Un aspecto éste, el burocrático, sobre el que todos estuvieron de acuerdo en que era la peor faceta de su profesión.
José García aseguró que “la investigación lleva consigo una carga burocrática y administrativa que a veces supone tantas horas como la propiamente científica, y eso es un desperdicio incluso del sueldo que nos pagan”.
    Carrión coincidió con sus compañeros en este tema, y dijo sentirse “gobernado por burócratas que no entienden mi trabajo”.
    Miguel Ortuño abundó en el tema, y añadió que “el problema principal es que estamos inmersos en una estructura que con la boca llena dice que hay que buscar la excelencia, pero que con los hechos demuestra que es al revés”.
El filósofo Patricio Peñalver dijo que “es preciso tomar conciencia de que la ciencia es la potencia fundamental de las sociedades modernas”. “Todos los que estamos aquí –añadió- compartimos que la burocracia es probablemente el peor mal de la investigación en la universidad”.

Los duros comienzos del científico

    Uno de los asistentes dibujo un panorama un tanto sombrío de la profesión científica: “Los científicos comemos, bebemos, fornicamos…, somos gente normal, en definitiva, por lo que nuestras necesidades son también normales”. Sin embargo, aseguró que es muy corriente que un científico llegue a los 37 o 38 años en una situación en la que su vida ha sido como una noria, con diferentes becas y ayudas, pero sin estabilidad profesional. “Esto –dijo- hay que decirlo a quienes pretendan dedicarse a esta profesión para que piensen si merece la pena”.

    El profesor Francisco Murillo se refirió a sus comienzos, en los que “malgasté siete años de mi vida como becario, pero no cambiaría esa época por nada”. “En el sistema anglosajón –dijo- el becario debe ser precario, y lo digo de modo políticamente muy incorrecto, porque es necesario que haya un sistema de selección muy fuerte al principio que no tenemos aquí”.
“Las becas se dan allí a los que tienen vocación de hacer ciencia, y luego, vista la vocación y las cualidades, se les deja que investiguen libremente, sin necesidad de rellenar papeles de modo burocrático, y se les da dinero para sus investigaciones y para que puedan formar también a otros científicos”.
    “Desgraciadamente el sistema está construido de tal manera en España –dijo- que está atrayendo a los mediocres. Por eso es preciso ser muy duro en el sistema de selección, lo que no puede ser es que alguien entre en el sistema y crea que inmediatamente tiene derecho a todo. Hay que exigir mucho en el primer nivel, porque de otra manera las mediocridades acabarán gobernando llegarán a gestionar, a vicerrectores, a rectores, los más incompetentes”.

¿Es atractiva la ciencia hoy?


Para el profesor Juan Carlos Argüelles “la pregunta que nos tendríamos que hacer es si se está vendiendo bien la ciencia en España, si resulta atractiva para la gente de hoy. ¿Cuáles son los logros sociales que nos están vendiendo? ¿La gente quiere ser Einstein, Madame Curie, Ramón y Cajal? ¿O quieren ser Cristiano Ronaldo? La ciencia no es atractiva para los jóvenes”, concluyó.

¿Científicos raros?

José Rodríguez, del Servicio de Apoyo a la investigación, lanzó a los integrantes de la mesa una pregunta: “¿Pensáis que el desarrollo del científico como persona le hace estar fuera de este mundo?”.  
“Normalmente somos raros”, contestó Pablo Artal. “Quienes nos dedicamos a la ciencia somos un poco raros, y los egos aquí son muy fuertes, lo que genera problemas graves”. “Este es un tema muy importante: se debería enseñar a los científicos estrategias de supervivencia en el mundo de la ciencia, que es un ámbito extremadamente difícil, sobre todo si eres profesional y eres competitivo”.
    José S. Carrión aseguró pensar de forma diferente: “no creo que los científicos seamos raros”. “Las patologías sociales en la ciencia se dan sobre todo cuando existen sistemas endogámicos, pero cuando hay flujo de individuos, cuando hay grupos que tienen entrada y salida de gente no da tiempo de que se produzcan asaltos del ego, ni complejos, ni crisis de personalidad”.    
    
Orihuela terminó el acto aludiendo a una pregunta que le hizo una periodista a Stephen Hawkins inquiriéndole sobre qué orgasmo le parecía más saludable, si el tradicional o el intelectual. “¿Sabéis qué respondió?”, dijo dirigiéndose al público: “El intelectual, porque dura más”.

 
Miércoles,  16 de Mayo de 2012

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