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“Las lenguas muertas son la lengua de algunos políticos, que usan muchas palabras sin decir nada”

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El filólogo alemán Michael von Albrecht.(Michael von Albrecht, filólogo clásico, autor de dos libros publicados por Editum)

“En su tiempo, los clásicos eran literatura de consumo, pero de una calidad que no se agota nunca”

Hijo de un compositor, y estudiante de música en su juventud, está convencido de que poesía y música se sustentan mutuamente. Michael von Albrecht, uno de los filólogos clásicos más reputados internacionalmente, nació en Stuttgart y ha sido, durante mucho tiempo, profesor de la Universidad de Heidelberg.
Sus traducciones de obras latinas, sobre todo de Virgilio y Ovidio, están consideradas modélicas, y así lo atestigua la concesión del premio Johan Heinrich Voss de Traducción en 2004.

Es un convencido defensor del método directo para la enseñanza del latín, que combina enseñanza teórica y práctica ya que el latín es una lengua como las otras y “lo natural es hablarlo”.
Sus estudios de literatura romana y de literatura comparada, traducidas del alemán a lenguas tan diferentes como inglés, italiano, griego, ruso o húngaro han aportado luz a la época en la que se centran sus trabajos.
A través de Editum, la Universidad de Murcia, editó el pasado año la traducción de uno de sus últimos trabajos, “Virgilio. Bucólicas. Geórgicas. Eneida. Una introducción”, traducido del alemán por Antonio Mauriz Martínez, con presentación y bibliografía virgiliana en España a cargo de la profesora de la Universidad de Murcia Francisca Moya del Baño.
Recientemente, Editum ha editado una de sus primeras obras, publicada originalmente en 1971, que ha ido creciendo y que el autor ha ido puliendo hasta convertirla en un auténtico referente. El profesor von Albrecht efectúa en ella un minucioso y personal recorrido por cuatro siglos de prosa latina a través de sus grandes maestros, reuniendo discursos, textos históricos, filosóficos, novelas, cartas y otros escritos, en una excepcional selección de textos que, al igual que los escritos a que se refiere, se perfila como un auténtico clásico para todos los interesados en la materia y un material de enorme valor para la comprensión de ese momento histórico y su literatura.
La profesora Francisca Moya afirma en la presentación de esta obra: “El autor ha conseguido elaborar una minuciosa historia del estilo prosístico latino y hacerla transparente y convincente a los lectores, hasta el punto de que gracias a este libro es muy fácil comprender cómo se va forjando poco a poco un lenguaje literario; singularidad, originalidad, innovación son términos que convienen con toda justicia a esta obra”.

-Pregunta: Poesía y música conviven y se sostienen una a la otra. En su Stuttgart natal usted estudió música.¿Ayuda su condición de conocedor del mundo musical a la traducción de poetas latinos? ¿Le sirvieron esos estudios en su labor como filólogo?
-Respuesta: Los estudios de música son una escuela de concentración y de autocrítica permanente y, por eso, pueden servir de preparación para el estudio de todas las ciencias. En particular, para traducir textos poéticos es una ventaja tener un oído musical. Además, los criterios muy severos de exactitud y de pureza, indispensables en la música, sirven también en la labor filológica.

-P: ¿Qué le hizo interesarse por el latín?
-R:  Mi primer encuentro con el latín fue cuando tenía diez años y mi padre hablaba latín conmigo jugando. Cuando tenía once años me gustaron mucho las “Metamorfosis” de Ovidio.

-P: ¿Cuál es la labor del traductor de unas obras tan emblemáticas pero tan lejanas en el tiempo como los clásicos latinos?
-R: El traductor debe transformar el texto latino en un texto que se lea como si estuviese escrito en la lengua materna. Sin embargo, para conservar al máximo el sabor del original, tenemos que descubrir y activar todos los recursos que posee la lengua materna.

-P: ¿Qué aportan los clásicos con respecto a la literatura más de consumo?
-R: En su tiempo, los clásicos eran literatura de consumo, pero de una calidad que no se agota nunca. Superaron la prueba más dura: no existía la imprenta, sobrevivían solo los libros que merecía la pena copiar a mano.

-P: Usted es partidario del método directo para la enseñanza del latín. Háblenos de ello.
-R: El latín es una lengua como las otras. Así pues, es natural hablarlo. Sin embargo, al estudiarlo, debemos combinar dos métodos. También la gramática es muy importante; perfecciona la reflexión lingüística y, por eso, facilita además el aprendizaje de las lenguas modernas.

-P: Usted se queja de que se ha hecho del latín algo ajeno a la realidad, un simple objeto de estudio ¿Cómo debería ser en su opinión el estudio de esta lengua clásica?
-R: La enseñanza ideal consiste en una combinación de los métodos “directo” y “analítico”. La base debe ser la lectura de textos no artificiales, sino de textos originales de gran importancia, aquellos que merece la pena recitar en voz alta y aprender de memoria.

-P: Hace tiempo que el latín está arrinconado en los planes de estudio en España ¿qué opina de esta situación?
-R: Aunque tenemos pocas horas de latín, pienso que ya hemos pasado el fondo del valle. Veo que en España hay muchos profesores de instituto -y también de universidad- que se interesan por el método directo y lo combinan con el estudio tradicional. El resultado es que la práctica del latín hablado ayuda, facilita y acelera el acceso a la lectura de los textos originales latinos.

-P: ¿Qué les diría a quienes se empeñan en que esto sea así?
-R: Diría que quizás han olvidado que ellos mismos una vez aprendieron latín, y sin eso no habrían podido conseguir los empleos importantes que ocupan ahora.

-P: ¿Qué puede aportar el latín en la formación del hombre?
-R: Primero, el latín, gracias a su estructura gramatical y lógica, representa un instrumento muy útil de formación; además la retórica latina es un instrumento excelente de autoeducación: ayuda a liberar la propia personalidad y, en una sociedad democrática, sirve para convencer a otros.
En cuanto al contenido, los textos latinos de todos los siglos nos abren los tesoros del pensamiento filosófico europeo y nos dan acceso a documentos históricos, la mayoría no traducidos. Además, la jurisprudencia continúa pensando en términos latinos; muchas ciencias – medicina, farmacia, botánica etc. - no pueden prescindir del latín. Además, el latín ayuda muchísimo a aprender no solo otras lenguas ‘latinas’, sino también el inglés (el 70% del vocabulario de esta lengua es de raíz latina). 

-P: Los romanos fueron los artífices del primer fenómeno de globalización de la historia ¿Qué aportó y qué queda hoy de esa lengua que introdujeron en su imperio y que se extendió por medio mundo?
-R: El latín sobrevive no solo en las lenguas ‘románicas’ y en el inglés, sino también en casi todas las otras lenguas, especialmente en la terminología de las ciencias. La jurisprudencia en todos los países del mundo está siempre basada en el derecho romano y sus principios de ‘humanidad’.

-P: En poco más de un año Editum ha publicado dos de sus obras más conocidas: “Virgilio” y “Grandes maestros de la prosa latina: de Catón a Apuleyo”, ¿qué le parecen estas ediciones? ¿Cómo le gustaría que fuesen recibidas por los interesados?
-R: Estoy entusiasmado con la traducción de Antonio Mauriz y con la espléndida introducción de mi admirada colega Francisca Moya del Baño. Mi único objetivo es invitar a mis lectores a leer y estudiar los grandes textos latinos con gusto.

-P: En el prólogo de “Virgilio” se pregunta “¿Leer a Virgilio hoy en día?”. Yo le traslado una pregunta similar: “¿Leer latín hoy día?
-R: El latín no ha pasado de moda. Cada día vemos en todas las ciudades del mundo (no solo en Europa) muchas inscripciones latinas. Además, utilizamos siempre palabras latinas, a menudo sin percibirlo. Si aprendemos el latín, conocemos mejor la lengua materna. Además, encontramos a los grandes espíritus de Europa y, al dialogar con ellos, nos conocemos mejor a nosotros mismos.

-P: Y ya puestos, díganos qué razones existen hoy para leer a su admirado Virgilio.
-R: Virgilio es el poeta de Europa. A diferencia de las lenguas muertas (que son la lengua de algunos políticos que usan muchas palabras sin decir nada y la lengua de la publicidad comercial), la lengua de Virgilio está libre de los clichés, se sirve de palabras ordinarias - pero para producir efectos extraordinarios -, está llena de vida, y traducir al gran poeta nos ayuda a usar nuestras lenguas maternas con más esmero y cuidado. 

-P: Su libro sobre los grandes clásicos latinos “Grandes maestros de la prosa latina: de Catón a Apuleyo”, se ha convertido a su vez en un clásico. Cuarenta años después de ser publicado en su país, ahora ha sido publicado por Editum. Háblenos de esta obra. ¿Qué ha querido conseguir con ella?
-R: He elegido textos importantes que continúan siendo válidos para nosotros, porque tratan problemas de todos los tiempos. El arte de la prosa me encanta precisamente porque el orador tiene menos libertad que el poeta; debe respetar a su público y debe decir cosas nuevas evitando palabras inusuales; ha de hablar como todos, pero mejor que todos.

-P: Sus alumnos siempre han estado muy presentes en toda su actividad académica e investigadora. El libro “Grandes maestros de la prosa latina…” está dedicado a ellos…
-R: He trabajado en muchos países muy a gusto con alumnos, estudiantes y profesores, y siempre he aprendido mucho de las preguntas que me hacían. Al inicio de cada lección resumía en latín el contenido de la precedente. Entre dos lecciones seguidas permitía siempre discusiones.

-P: Tras haber sido traducido a otros idiomas, ahora se presenta por primera vez en español. ¿Qué le parece la edición de Editum, en traducción de Antonio Mauriz?
-R: La edición es muy elegante y me gusta muchísimo. El profesor Antonio Mauriz, escritor y autor de un importante libro sobre Virgilio, tiene un conocimiento perfecto de la lengua y filosofía alemanas y de la cultura latina, es el traductor ideal: traduciendo con mucho cuidado, ha logrado un libro verdaderamente español.

-P: Su amiga y colega la profesora Francisca Moya afirma que una de las virtudes del libro es que anima a leer y releer a los clásicos y a descubrir “recónditos mensajes” ¿Ha sido esta una de las metas que se ha propuesto en el libro?”
-R: Mi admirada colega y amiga Francisca Moya ha adivinado perfectamente mis intenciones.

En primera persona:
“Los textos latinos de todos los siglos nos abren los tesoros del pensamiento filosófico europeo”
“El latín ayuda muchísimo a aprender no solo otras lenguas ‘latinas’, sino también el inglés”

 

Última actualización el Martes, 12 de Noviembre de 2013  
Viernes,  1 de Agosto de 2014

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